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Guillermo Giarratana

Logista- Santa Fe, Argentina
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Guillermo Giarratana conoció Médicos Sin Fronteras (MSF) por medio de una postal que le regaló una amiga años atrás, cuando todavía no sabía que iba a trabajar con la organización en cuatro continentes. Licenciado en Sistemas y también en Filosofía, Guillermo desempeña uno de los perfiles más complejos que forman parte de los proyectos humanitarios de MSF. Es logista, puesto que el describe como una especie de “todólogo” dada la cantidad de conocimiento de diferentes áreas que se requieren para brindar el apoyo que el personal médico necesita para llevar adelante la asistencia humanitaria en contextos frecuentemente complejos.

Actualmente, Guillermo forma parte de un proyecto de MSF para desarrollar un sistema de información y gestión que se va a implementar en todos los proyectos de la organización alrededor del mundo. En esta entrevista, nos cuenta cómo llegó a MSF, nos explica en qué consiste ser logista, nos habla de su experiencia en terreno y recuerda la vez que junto a su equipo y en botes, logró atravesar el delta de Myanmar para atender a poblaciones aisladas.

¿Cuándo llegaste a MSF y en qué proyectos participaste?

La primera entrevista para entrar a MSF fue en el 2001 y luego, en 2002, estuve trabajando en la oficina de Barcelona. A partir de ahí empecé en el terreno. Estuve en Colombia, Sudán (en la región de Darfur), Kenia, Somalia, Congo, Guatemala, Honduras, Myanmar e Irak. También estuve trabajando en Argentina en 2001, cuando realizamos una intervención luego de la crisis, para proveer medicamentos e insumos a hospitales del norte del país que estaban desabastecidos. Los contextos y proyectos fueron distintos, desde brigadas rurales de atención de salud primaria, a situaciones de emergencia, atención en zonas de conflicto, y en América Central, en proyectos relacionados a violencia urbana y sexual.

¿Qué es un Logista?

El corazón de MSF es la acción médico-humanitaria, pero esta acción no se puede llevar adelante si no hay otras acciones en paralelo, que la posibilitan. Es decir, si un cirujano tiene que operar a un herido de guerra tiene que tener en el lugar el material para hacerlo: un quirófano, una mesa de operaciones, tiene que tener suministro de agua, insumos y luz. Necesita un equipo de gente que pueda asegurar la zona, que controle la seguridad (en la medida de lo posible) para resguardar a pacientes y al personal humanitario. También tiene que haber gente y medios que posibiliten el transporte, que puede ser desde un burro o un caballo, hasta una lancha, un camión o camionetas 4x4.

Además, se encarga de las telecomunicaciones; eso hace la diferencia en todo sentido: para la gestión de la seguridad o cuando hay que evacuar al equipo, cuando hay que compartir información técnica, o cuando hay que tener contacto con equipos que están en zonas riesgosas. El logista tiene que saber preparar un sistema para potabilizar el agua; asegurar la compra, almacenaje y distribución de alimentos, medicamentos y materiales de trabajo. En algunos contextos, por ejemplo, se encarga de montar campos de refugiados: de poner carpas y letrinas y de establecer un sistema de saneamiento. Obviamente que trabaja en coordinación otros profesionales.

Entonces, ¿qué es lo que hace el logista? Maneja estas 12 o 15 áreas técnicas, es de alguna manera un “todólogo”. Tiene que brindar todo el soporte para que sea posible brindar la atención médico-humanitaria en contextos muchas veces difíciles.

Viniendo de una formación de sistemas, ¿qué te llevó a unirte a MSF?

Yo venía trabajando en el ámbito de la informática, donde se puede hacer plata y aprender. Pero siempre tuve una inquietud por lo social, desde la adolescencia, y mi planteo fue juntar lo que sé con lo que me apasiona, que es sentirme útil por compartir mis habilidades con comunidades que lo necesitan. Además, me motivo el componente internacional: me atraía mucho no sólo trabajar acá en Argentina sino también ir a otras regiones más desfavorecidas. Al final es una mezcla de aventura, de convicciones, de sentir que lo que hacés es útil y de dar una mano para algunos que están atravesando situaciones más difíciles.

¿Cómo cambia el trabajo del logista de un proyecto estable a uno en contexto de emergencia? ¿Qué desafíos presentan estas situaciones?

En grandes emergencias, el desafío es tener lo que se necesita en muy poco tiempo, en el lugar adecuado. En casos como el terremoto de Haití, el tsunami del sudeste asiático en 2004, o en una epidemia de cólera o de Ébola, hay que contar con el material necesario, técnico y específico para llevar adelante la intervención. Hay que transportar los suministros desde Europa o desde los otros centros de acopio de MSF hasta el lugar donde se tienen que usar, en un periodo de tiempo muy corto, para que estén disponibles para ser usados por los equipos apenas llegan.

En proyectos regulares (es decir, que no son de emergencia) los desafíos varían según el contexto. En algunos casos, por ejemplo, hay que proveer un volumen de agua muy grande o establecer una red de distribución de alimentos muy amplia en una determinada región, y esto presenta dificultades. También las posibilidades de acceder a lugares remotos puede representar un obstáculo. En ámbitos urbanos, el desafío es gestionar el riesgo que presenta la violencia aleatoria de estos contextos, donde no hay un frente de combate claro. Son proyectos más tranquilos y estables, sin picos de intervención como en una gran emergencia, pero hay que manejar la situación.

MSF es conocida por llegar donde nadie más llega. ¿Cuál fue el método más inusual o el medio más raro que implementaste para poder brindar asistencia en un lugar de difícil acceso?

Una experiencia muy interesante fue en Myanmar. Teníamos que llegar a una comunidad vulnerable en una zona de deltas, donde el mar y el río se entremezclan con el continente, y donde no habían llegado extranjeros. Teníamos 16 botes, e íbamos con traductores porque la gente no hablaba inglés ni ninguna de las lenguas que nosotros conocíamos, y con un GPS. Era impensable la cantidad de ríos y riachos que había, estábamos como perdidos en un mundo acuático. Sin embargo, la operación fue exitosa. Parte del éxito fue porque también contamos con gente local, solos hubiéramos podido.

En otros contextos, como Colombia, me tocó llevar a una brigada rural de 10 personas a caballo para subir las montañas, con medicamentos y todo, y en la selva africana también usamos motos para poder acceder a algunas zonas, cuando no quedaba otra forma.

¿Qué formación o capacidades se necesitan para ser logista?

Primero creo que hace falta una capacidad que no es técnica: la capacidad de aprender, el entusiasmo, la convicción en lo que se hace, y el espíritu de romper barreras.

Luego, un logista puede tener una formación técnica en cualquiera de las áreas que se manejan. Un logista no es especialista en todo, pero hay que conocer sobre transporte, cadenas de frío, sistemas de potabilización de agua, logística… estos son conocimientos importantes

El perfil de logista es muy generalista, necesitás saber de varias áreas que no necesariamente vas a conocer al principio, pero también te vas formando en las diferentes temáticas dentro de MSF.

Después de tantos años con MSF en tantos proyectos, ¿cómo definirías la acción humanitaria?

La acción humanitaria es cuando hay un grupo de personas que en determinado momento, contexto y geografía se encuentra absolutamente vulnerable, no tiene las necesidades mínimas cubiertas, y hay otro grupo de personas que, sintiendo empatía por su sufrimiento, decide compartir sus recursos y sus capacidades, simplemente por el hecho de compartir el sufrimiento humano.

La acción humanitaria es muy puntual, se concreta cuando se da la ruptura del balance de la vida y de las condiciones de vida de una comunidad, por causas naturales o por circunstancias causadas por el hombre. Entonces, la acción humanitaria intenta responder y apalear momentáneamente las necesidades vitales, no solo corporales sino también psicológicas de una población vulnerable.

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