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María Celeste Sanchez Bean

Coordinador/a- Argentina
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María Celeste Sanchez Bean es argentina y trabajó con Médicos Sin Fronteras (MSF) como coordinadora de terreno en Colombia, Ecuador, Sudán del Sur y la República Democrática del Congo. Tras su regreso a Buenos Aires, nos comenta cómo era el día a día de su trabajo y los desafíos que se le presentaron en sus diferentes misiones. 

¿Cuándo comenzaste a trabajar con MSF y qué te llevó a formar parte de la organización?

Empecé en 2015. Yo siempre quise trabajar en ayuda humanitaria porque para mí es mi vocación, y conocí a Médicos Sin Fronteras a través de colegas cuando estaba estudiando, haciendo mi posgrado en acción humanitaria en Suiza. Tenía muchos compañeros, tanto estudiantes como profesores, que trabajaban con MSF y fue a través de sus experiencias y de sus relatos que conocí a MSF y me dieron ganas de sumarme a la organización.

¿En qué contextos trabajaste?

La primera misión en la que trabajé fue en Colombia, en el Cauca, en un proyecto de salud mental que asistía a los sobrevivientes de violencia sexual y víctimas del conflicto armado en Colombia. A partir de ahí fuve la oportunidad de trabajar también en Ecuador luego del terremoto de 2016. Como estábamos bastante cerca, nos llamaron para que pudiéramos ir a asistir y también hicimos una intervención en salud mental, con un enfoque psicosocial en esa ocasión. Después estuve en Sudán del Sur, en un proyecto en salud primaria y secundaria para desplazados dentro del país y por último en la República Democrática del Congo, atendiendo una emergencia por una epidemia de sarampión.

¿Cómo fue tu experiencia en Sudán del Sur?

En Sudán del Sur estuve trabajando como coordinadora de proyecto, es decir que estaba a cargo del proyecto, tanto de la parte de seguridad como también del uso de los recursos de MSF para responder a las necesidades de la población. Brindábamos atención a una comunidad que se había desplazado, por lo que vivía una situación bastante precaria, y por lo cual MSF comenzó haciendo una intervención en emergencia y luego, viendo que la situación se perpetuaba, se decidió abrir un proyecto regular. Es decir, tener un hospital con todos los servicios. Teníamos atención primaria en salud, internación, atención en salud secundaria y tratábamos VIH, Tuberculosis y Kala Azar, que es una enfermedad olvidada en África.

El día a día en Sudán del Sur siempre era distinto, especialmente para un coordinador de terreno. No hay dos días que sean iguales, realmente. Siempre nos levantábamos y desayunábamos con el equipo internacional con el que vivíamos cerca del hospital. Normalmente yo comenzaba mi día hablando con el asistente de coordinación de terreno para evaluar cuáles eran los acontecimientos de los últimos días y hacer un seguimiento de la situación de seguridad, tanto para la población que estábamos tratando de asistir como para el hospital y el personal de MSF específicamente. Luego de eso, solía tener reuniones con autoridades locales o con otros actores para hablar de la situación de seguridad, y visitar el hospital para evaluar cómo estaba la situación y adaptar nuestras actividades a las necesidades de la población.

¿Cuáles fueron los desafíos que se te presentaron en esta última experiencia?

Hubo muchos desafíos, obviamente. Es un contexto bastante difícil para trabajar y yo creo que el mayor desafío en Sudán del Sur está dado por el contexto en relación a la seguridad. Nosotros estábamos en una zona muy conflictiva donde había dos grupos que por distintas razones se enfrentaban prácticamente de manera constante, por lo cual para acceder a cualquier zona para brindar servicios a la población teníamos que negociar con ambas partes. Si bien tuvimos bastante éxito y en general pudimos tener acceso a las zonas más necesitadas, la preocupación para mí como coordinadora de proyecto era siempre saber si estábamos dejando gente afuera de la atención o no; si había zonas a las que estábamos pudiendo acceder o no. Esto era un desafío constante. Y muy relacionado a esto, el hecho de poder defender nuestros principios humanitarios todo el tiempo, frente a actores cuyas agendas a veces son un poco contradictorias a estos principios. Eso siempre fue un trabajo de día a día, de hablar con las autoridades pero también con la comunidad y con los líderes de los grupos armados, explicarles qué es Médicos Sin Fronteras, por qué estamos ahí y cuál es la importancia para nosotros de los principios humanitarios. Eso fue definitivamente un gran desafío, pero también a nivel personal estando en el terreno uno siempre se encuentra con muchos desafíos. Uno de ellos está dado por la carga de trabajo: trabajar con Médicos Sin Fronteras significa estar disponible 24 horas al día cuando estamos en un proyecto y eso hace un poco difícil que nos cuidemos a nosotros mismos como trabajadores y también que cuidemos a nuestros afectos que quedan atrás. La comunicación no es fácil cuando uno está en un proyecto y tratar de mantener vivas nuestras relaciones y mantener relaciones saludables con nuestros seres queridos puede ser muy difícil también.

¿Hubo algún momento en particular que te haya marcado?

Nos pasó una vez estando en Sudán del Sur que estábamos tratando de implementar actividades de salud sexual y reproductiva pero lo cierto es que todavía no lo habíamos hecho. Estábamos en ese trabajo cuando nos llamaron a altas horas de la noche informándonos que en el centro de salud de la localidad había una mujer que había estado en trabajo de parto hacía ya más de diez horas y necesitaba nuestra asistencia. Fue una decisión un poco difícil la de salir de nuestro hospital a esa hora porque normalmente no tenemos permitidos movimientos durante la noche por cuestiones de seguridad, pero en este caso claramente la situación lo ameritaba así que fuimos con algunos colegas. Por suerte dentro del equipo teníamos una matrona excelente, así que fuimos al centro de salud y ella estuvo ahí trabajando durante muchas horas hasta que finalmente nos dio la buena noticia de que el bebé estaba a salvo y que la mamá también, lo cual para nosotros fue un pequeño milagro considerando las circunstancias. En ese momento, durante la noche, hacer una evacuación médica de esa mujer hacia un hospital que hubiera tenido capacidad quirúrgica, que era lo que hubiera sido necesario si la matrona no hubiera estado ahí, era imposible tanto por cuestiones de seguridad como por cuestiones logísticas, así que ese fue para nosotros un pequeño milagro dentro de nuestro trabajo en Sudán del Sur.

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