Salud mental en Sierra Leona: la historia de cómo Mary se liberó de sus cadenas

El emotivo saludo entre la matrona Kristine Lauria y su paciente Mary, en Sierra Leona, luego de haber finalizado el tratamiento.Wairimu Gitau/MSF

En Sierra Leona se sabe muy poco sobre las enfermedades mentales. La matrona Kristine conoce a una madre reciente que necesita apoyo psiquiátrico y contacto humano. Esta es su historia.

Por Kristine Lauria, matrona estadounidense trabajando para Médicos Sin Fronteras en Sierra Leona.

En mi carrera humanitaria y de matrona, me he encontrado con muchas cosas. Estoy preparada para casi cualquier cosa porque he aprendido que debo estarlo.

Una gran parte de esto no es fácil. Mucho de ello se queda conmigo. Algunas cosas quedan escritas en papel, como esta historia.

Como matrona supervisora en el Proyecto de Gorama Mende/Wandor aquí en Sierra Leona, soy en gran medida responsable de la orientación del personal del Ministerio de Salud. Esta orientación implica la enseñanza y capacitación del personal junto a la cama de nuestros pacientes, basada en las necesidades epecíficas de cada uno.

Sierra Leona tiene una de las tasas de mortalidad materna e infantil más altas del mundo. En este proyecto, el objetivo de Médicos Sin Fronteras (MSF) es reducir estas tasas fortaleciendo la fuerza laboral sanitaria especializada. A menudo, esto implica responder varias llamadas telefónicas del personal de las distintas unidades de salud cuando tienen preguntas sobre la atención de los pacientes.

 

Arrebatos violentos

El 2 de mayo, atendí una llamada de la unidad de salud de Punduru sobre una paciente que había dado a luz allí cuatro meses antes. La familia de la mujer la había llevado porque tenía arrebatos violentos y actuaba de forma confrontativa.

El enfermero me explicó que también había ocurrido algo similar después del nacimiento del último bebé de la paciente y que el personal quería evaluarla por psicosis puerperal.

La psicosis puerperal es una enfermedad mental poco frecuente pero tratable que aparece inesperadamente sin antecedentes de problemas de salud mental anteriores. Los síntomas incluyen manía, delirios, confusión, agitación, insomnio, paranoia y alucinaciones. No necesariamente todos los síntomas están presentes. La causa sigue siendo un misterio.

 

Un tsunami de emociones

Tan pronto como pude, hice el largo viaje hasta Punduru atravesando el irregular terreno con el enfermero comunitario de MSF, Musa.

Llegamos juntos a la casa donde se alojaba la mujer. En un rincón del patio trasero, había una mujer de aspecto triste sentada en un banco de madera. Se veía realmente abatida y, cuando me acerqué a ella, me di cuenta por qué.

Debajo de sus pies había una tabla de madera. Alrededor del tobillo tenía una cadena muy pesada asegurada con un candado. La cadena estaba clavada a la tabla.

La mujer se llamaba Mary.

No puedo ni siquiera comenzar a describir el tsunami de emociones que me inundó frente a esta situación. Tuve que apartarlas rápidamente y hacer lo que vine a hacer: evaluar su condición y dar una recomendación.

 

Una crisis de salud

Por experiencia con otros pacientes con problemas psiquiátricos, sabía que de algún modo debía hacer una conexión con Mary si quería ganarme su confianza y poder ayudarla.

Las enfermedades mentales son una crisis de salud en Sierra Leona.

Se conoce muy poco de ellas y claramente están estigmatizadas. También muchas supersticiones en torno a ellas: están malditos por el diablo, están casados con una bruja, se tragaron una víbora maligna, y muchas otras cosas.

Las personas que sí buscan atención para tratar los problemas de salud mental generalmente acuden a los curanderos tradicionales. Estos curanderos actúan para «expulsar el mal», les afeitan las cabezas a las personas, les dan medicamentos herbales y se lanzan hechizos.

La familia de Mary buscó este tratamiento tradicional para ella pero, afortunadamente, también consultaron en la unidad de salud para pedirnos ayuda, por eso fuimos hasta su casa.

 

Hacer una conexión

Con la ayuda de Musa, que hacía de intérprete, Mary y yo hablamos.

Me enteré de que tenía aproximadamente 32 años, había dado a luz ocho veces y había perdido a tres de sus hijos por “fiebres”. Tenía cinco hijos vivos, incluido el bebé de cuatro meses, Emanuel.

En ese momento, Mary no estaba teniendo ninguna agitación ni sentimientos de agresión, y no había tenido ningún arrebato en varios días. No tenía intenciones de lastimarse a sí misma ni de lastimar a su bebé.

Dijo que estaba durmiendo bastante bien. No tenía alucinaciones. Ahora su queja principal era que estaba enojada porque se creía que tenía algún “problema en la cabeza” y por eso se la habían afeitado en contra de sus deseos, y sentía que era fea.

Luego se quitó la bufanda y dejó ver su cabeza pelada.

Musa remarcó el hecho de que yo también tenía la cabeza afeitada.

Mary me miró y le dije que éramos mellizas y que las dos nos veíamos hermosas; luego se rio, revelando una sonrisa deslumbrante.

En ese momento supe que habíamos hecho una conexión.

 

Las cadenas

Toda la familia de Mary estaba allí, excepto su esposo, que estaba lejos trabajando en otra aldea. Habían estado cuidando a los cinco hijos de Mary desde que ella se enfermó.

La tía le llevaba el bebé a Mary para que lo alimentara de forma periódica, pero nunca la dejaban sola con él.

La desencadenaban a la noche para dormir​, pero el resto del tiempo, debido a que había amenazado a miembros de la comunidad y la gente le tenía miedo, permanecía encadenada en el patio de su casa todo el día.

El medicamento que se le ofreció a Mary para ayudarla a encontrar estabilidad

Si bien me parecía que las cadenas eran más que inhumanas, permanecí impasible mientras escuchaba a la familia y sus razonamientos. Debido a las amenazas y los arrebatos violentos de Mary, en ese momento consideraban que realmente no había ninguna otra opción para ellos.

En el momento, no me pareció apropiado hablar con la familia sobre el hecho de sacarle los grilletes. Aunque Mary estuvo tranquila cuando yo estuve allí, mi interpretación general fue que tenía arrebatos de vez en cuando y que, debido a su imprevisibilidad, la tenían encadenada por la seguridad de la comunidad.

 

Entendimiento mutuo

Mary ya había estado embarazada ocho veces, lo que la exponía a un mayor riesgo de complicaciones si volvía a quedar embarazada. Si efectivamente el problema que tenía ahora estaba relacionado con el puerperio (es decir, con el parto), este era otro motivo por el que no debía volver a quedar embarazada.

Por estos motivos, sugerí la planificación familiar en la forma de implantes. La ventaja de los implantes es que duran cinco años pero se pueden quitar en cualquier momento si se desea un futuro embarazo. La fertilidad se recupera inmediatamente después de que se quitan los implantes.

Todos estuvieron de acuerdo, incluso Mary. Fue importante para mí que ella comprendiera y que no se sintiera obligada de ninguna manera. Por esta razón, no le colocamos los implantes ese día, pero volveríamos en una semana. Si Mary cambiaba de opinión, buscaríamos otro método anticonceptivo para ella.

También expliqué que analizaría con nuestro médico y con el coordinador médico qué medicamento podríamos ofrecer para tratar los episodios periódicos de agresión de Mary.

Mary dijo que estaría dispuesta a tomar el medicamento, y la familia estuvo de acuerdo y apoyó su decisión.

 

Estabilidad

Dejar a Mary atrás aún con los grilletes puestos me convenció más de que debía ayudarla.

Aunque nunca tendríamos un diagnóstico definitivo, dado que no había trabajadores de salud mental que pudiesen hacer una evaluación apropiada, teníamos la posibilidad de tratar los síntomas con medicamentos y ver si eso le hacía estar mejor. Tras consultar por teléfono y por correo con varios psicólogos de la organización, decidimos encargar un medicamento llamado Haloperidol. 

Mis compañeros creían que le iría muy bien y que pronto estaríamos viendo los cambios. Además, no era necesario que tomara una dosis muy alta, por lo que la lactancia materna no se vería afectada. Había que intentarlo.

Si bien Mary estaba estable en ese momento, según la descripción de su familia, era propensa a tener “episodios” intercalados con períodos de calma. Allí es donde la medicación podía ser útil.

Volví la semana siguiente para colocarle los implantes anticonceptivos. Mary había estado bastante estable, con solo un episodio leve de agresión hacia su esposo.

Finalmente, Mary recibió el medicamento y comenzó a tomarlo. El médico y yo decidimos hacer seguimientos semanales para controlar cómo estaba funcionando el medicamento.

 

Una hermosa sonrisa y ojos traviesos

La semana pasada, el 13 de junio, hice el viaje de tres horas en motocicleta para ver cómo estaba Mary.

Estaba de regreso en su casa, en la misma calle que la casa de sus padres donde la vi por primera vez.

Kristine con Mary y su pequeño hijo Emanuel.

Tenía a su bebé en la espalda y me saludó con los brazos abiertos, su enorme y hermosa sonrisa, y unos ojos traviesos que no había visto antes.

Me presentó al resto de sus hijos. Dijo que se sentía bien y que no había tenido más episodios.

Fue verdaderamente una alegría ver a Mary de vuelta con sus hijos en su propia casa, viviendo una vida normal nuevamente. Tenemos muchas esperanzas de que Mary esté en camino de recuperarse por completo y seguiremos controlándola durante los próximos meses.

 

Tender una mano

La psicosis puerperal es un desafío en cualquier parte del mundo, incluso en entornos donde se puede acceder a la mejor atención y a una amplia variedad de tratamientos.

Sin embargo, en un entorno de bajos recursos como Sierra Leona, los desafíos se magnifican debido a la falta de conocimientos sobre los problemas de salud mental, la disponibilidad limitada de medicamentos si se identifica un problema y el estigma relacionado con las enfermedades mentales.

Probablemente la historia de Mary hubiera terminado de otra manera si el personal clínico, junto con la familia de Mary, no hubiera tendido una mano de ayuda a pesar de todos los desafíos que tenían por delante.

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