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02.01.2020

Sudán del Sur: "Había agua por todas partes; fue un desafío llegar hasta los pacientes"

Ayudó a construir un hospital, a establecer un centro de tratamiento de agua y una clínica, a aterrizar el helicóptero y mucho más. Esta es la experiencia de nuestra logista Karla Claus durante las inundaciones en Sudán del Sur.

Vista aérea de Pibor inundado, en Sudán del Sur, durante octubre de 2019.
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A principios de diciembre de 2019, nuestra compañera logista Karla Claus finalizó dos años de misiones consecutivas con nuestra organización. Durante ese tiempo, trabajó en Sudán del Sur, un país no exento de crisis y desafíos. En este texto describe su trabajo en el seno de la respuesta de emergencia que llevamos a cabo en Médicos Sin Fronteras (MSF) debido a las graves inundaciones que asolaron el país en julio pasado.

“He trabajado para MSF en el departamento de logística durante dos años. Los logistas apoyamos a nuestros colegas médicos para que puedan continuar salvando vidas. Ya había hecho tres misiones, pero la asignación en Pibor (Sudán del Sur) fue mi primera experiencia con el equipo de respuesta de emergencia. Estaba muy feliz de formar parte de él. 

Fue una experiencia muy interesante, pero no siempre fácil. Con este equipo, uno debe ser muy flexible, hacer lo que haga falta a diario. A veces, garantizar que todos tengan los recursos que necesitan; otras, llevar la administración, tanto de recursos como de recopilación de datos. 

Pibor fue una emergencia difícil. Las inundaciones dejaron a miles de personas atrapadas, viviendo en pequeñas islas de tierra seca, por encima de los niveles de las inundaciones. Había agua por todas partes, a su alrededor.

Fue un gran desafío llegar hasta ellas. Desde MSF establecimos nuestra respuesta de emergencia en tres islas: Pibor, Gumuruk y Lekuangole, en el este del país. Pero estos eran solo tres entre cientos de islas. Fue muy difícil obtener ayuda para todas estas personas porque estaban muy dispersas y a muchas solo se podía llegar en barco o en helicóptero. 

Nuestro hospital fue construido en Pibor, una de las islas más grandes, donde vivían unas 7.000 personas. Faltaba comida, agua potable, educación, saneamiento… Mover personas y suministros de un lugar a otro fue muy difícil debido al agua y al llamado ‘barro de algodón negro’, que es como el cemento. Es realmente pegajoso y casi imposible de mover. Caminar un kilómetro nos llevaría aproximadamente una hora.

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Parte del equipo de Médicos Sin Fronteras trabajando tras las inundaciones en Ulang, Sudán del Sur.Parte del equipo de Médicos Sin Fronteras trabajando tras las inundaciones en Ulang, Sudán del Sur. Octubre de 2019.

Primer reto: agua limpia

Uno de los primeros grandes proyectos logísticos en los que trabajé aquí fue construir un nuevo centro de tratamiento de agua para proporcionar agua limpia a la población local. Las personas atrapadas por las inundaciones en estas pequeñas islas temporales vivían densamente abarrotadas. No había letrinas, ni espacios para basura o desechos, y todos los grifos y perforaciones existentes estaban bajo el agua.

En estas circunstancias, el agua limpia era esencial y proporcionarla era una parte importante para prevenir la propagación de enfermedades transmitidas por el agua como el cólera. 

Decidimos utilizar el agua que rodeaba nuestra isla como suministro para nuestro centro de tratamiento de agua. Bombeamos agua de inundación en un gran tanque de cebolla, como una gran piscina de plástico, que podría contener 30.000 litros de agua. 

Luego limpiamos el agua usando un proceso llamado ‘floculación’ donde todos los contaminantes se adhieren entre sí y se hunden hasta el fondo. Tomamos el agua parcialmente limpia, la filtramos y luego la purificamos con cloro. Para garantizar la estabilidad de este centro de tratamiento de agua -incluso cuando el suelo debajo se inundaba y cambiaba- optamos por construirlo sobre una plataforma de barriles de tambor. Los encontramos flotando en el antiguo hospital y, después, los llenamos con agua de inundación para darles más estabilidad. 

El antiguo hospital estaba a dos metros bajo el agua, pero reutilizamos cualquier cosa que pudiéramos recuperar de él, incluso sacos de arena viejos. Ese pequeño centro de tratamiento de agua podría proporcionar un suministro constante de agua limpia para los residentes de Pibor y para nuestro hospital.

Las múltiples tareas de un logista 

Además del centro de tratamiento de agua, trabajé en muchos proyectos durante mi estancia en Pibor. El primero fue establecer una clínica con salas para pacientes hospitalizados y ambulatorios. 

La sala de pacientes internos tenía suficientes camas para que 20 pacientes pasaran la noche y, en la sala de pacientes externos, nuestros equipos médicos podían hacer más de 100 consultas al día.

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El centro de Médicos Sin Fronteras en Pibor, afectado por las inundaciones en octubre de 2019.

 
Durante mis primeros días en Pibor, apoyé al equipo de promoción de la salud, cuyo trabajo se centra en difundir mensajes de salud y recopilar datos sobre las necesidades de las comunidades locales. En una emergencia, es esencial saber quién vive en cada lugar y cuáles son sus necesidades de salud. 

Esto sirvió para calcular cuánta agua necesitábamos producir y cuán grande debía ser el nuevo hospital. Una de las pocas constantes en mis días era el helicóptero de MSF. Cada día, era responsable de ayudar al helicóptero a aterrizar. Era nuestra única fuente de suministros regulares y servía para transferir pacientes. 

Fue interesante conocer a los pilotos, darles el parte climático por la mañana y ayudarles tanto a aterrizar como a regresar de forma segura desde Pibor. También estaba a cargo de mantener la farmacia y la ‘cadena de frío’, la cadena de suministro que garantiza que las vacunas sensibles se mantengan frías, a una temperatura adecuada. 

Es todo un desafío diario ser logista con múltiples funciones. Intentas lograr tus objetivos y apoyar al equipo médico como bien puedes. A veces no tienes mucho tiempo o recursos, así que hay que ser creativo y encontrar otras soluciones. Usas lo que tienes, lo mejor que puedes. 

Y, al final, estás muy contento de haber construido un hospital, de haber establecido un centro de tratamiento de agua, de que las personas tienen agua segura para beber y un centro de salud en funcionamiento para ser tratadas. 

Quedó muy claro que la comunidad valoró mucho nuestro trabajo en Pibor. Sabían que estábamos allí para brindar atención médica y agua potable. Estaban muy agradecidos con nuestro equipo, y yo me sentí orgullosa de poder ayudar.